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Ser un hombre gay o un hombre que tiene sexo con otros hombres no es delito, ni pecado, ni motivo de vergüenza; es una condición humana y una práctica sexual absolutamente normales que no nos hacen inferiores a los demás. Sin embargo, por el rechazo y la discriminación que aún padecemos, debemos aprender a vivir nuestra sexualidad de manera responsable, libre y saludable.
Hoy más que nunca contamos con las herramientas para lograrlo. Para ello, es necesario asumir con orgullo y dignidad nuestra orientación sexual, no permitir que nadie quiera provocarnos algún daño físico, psicológico o emocional debido a esa orientación.
Los hombres latinoamericanos que tenemos sexo con otros hombres vivimos una crisis de salud provocada por el vih/sida. Somos la población más afectada, aunque no la única. Y, a pesar de las enormes y dolorosas pérdidas en vidas humanas que hemos sufrido, estamos aprendiendo a responder y a conocernos más.
El sida nos ha obligado a tomar mayor conciencia de nuestro cuerpo, de nuestra salud y, sobre todo, de nuestra sexualidad. La búsqueda del placer sexual conlleva riesgos para nuestra salud que hay que saber evitar. No se trata de renunciar a una vida sexual plena y satisfactoria, sino de saber protegernos y cuidarnos.
Debemos conocer las infecciones y enfermedades a las cuales nos podemos exponer durante nuestros encuentros sexuales, las vías de transmisión de los gérmenes que las causan, las formas de protegernos de ellos y todo lo relacionado con la salud sexual.
La salud sexual no es cuestión de apariencia, ni consiste sólo en la ausencia de enfermedades. Es, más bien, el estado de bienestar sexual, físico y emocional, satisfactorio, libre de culpas y de coerciones al que todos tenemos derecho y debemos aspirar.
El derecho a la salud, independientemente de la orientación sexual, forma parte del ejercicio de nuestros derechos como ciudadanos.
El tener acceso a la prevención de la transmisión del vih y al tratamiento integral del sida forman parte del derecho a la salud, a la vida, a la educación, al trabajo, a la vivienda, a la intimidad, a la vida en pareja y a la formación de una familia.
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